JIQUIABO
 
-CAYO CRISTO
SAGUA
ISABELA
UVERO
ESQUIVEL
SITIECITO
SITIOGRANDE
CIFUENTES
JUMAGUA
CALABAZAR
ENCRUCIJADA
VIANA
GRANADILLO
QUEMADO
RANCHOVELOZ
CORRALILLO
CEJADEPABLO
SIERRAMORENA
ALVAREZ
JIQUIABO
RODRIGO
SANTODOMINGO
AMARO
SANDIEGO
Villa Clara
JIQUIABO

Tintin Collection
JIQUIABO
-En los tiempos primitivos del Sabaneque Colonial,en este caserío vivía el Capitán del Partido Judicialde Alvarez;en 1858 tenía 46 casas y 262 habitantes (más que la propia cabecera). Jiquiabo no creció mucho en el siglo XIX a pesar de su larga historia;en 1899 contaba con 431 habitantes
,unos 169 más que en sus primeros tiempos.
En el año de 1882 se hizo célebre Jiquiabo en toda la región Sabaneque,al aparecer
una famosa curandera, que según las tradición,curaba milagrosamente a todos los emferque hacia allí peregrinaban desde todas las direcciones del mapa (Ver: LA VIEJA DE JIQUIABO).

LA VIEJA DE JIQUIABO

El acontecimiento más grande de la Sagua de 1882 lo fueron “los milagros de la vieja de Ji-quiabo” como le llamaban popularmente en toda la jurisdicción.
Nos cuentan los abuelos que la gente de Sagua,Sitiecito,Cifuentes,Santo Domingo y Quema-
do de Güines,entre otros poblados de los alrededores,acudían en cientos a este oculto caserío al sud-
oeste de la Villa del Undoso,con el fín de poner a sus enfermos en manos de una vieja curandera que
de pronto adquirió verdadera fama cuando,con unos simples trapitos,comenzó a realizar asombrosas
curaciones.Se dice que muchos inválidos caminaron,muchos ciegos vieron nuestros verdes campos
por primera vez y muchos locos expulsaron sus demonios al ser exorcizado por la pequeña brujilla
de los campos de Sagua.
Doña Antonia Otero era natural de Galicia,pero antes de radicarse en Jiquiabo ,vivió en algu-
nos años en Sagua en la calle Cruz (hoy Padre Varela) donde tenía un pequeño negocio y donde ade-
más ya comenzaba a destacarse con sus dones naturales de sanación.Establecida entre los palmares y
las viejas ceibas de Jiquiabo,encontró su mejor sitio donde poder albergar a sus numerosos enfermos
los cuales llegaron a ser cientos ya que sus mismos familiares cargaban con catres,colchas y almoha-
das que luego dejaban en el sitio a manera de donación cuando sus seres queridos eran curados.
Con el tiempo se construyeron largas barracas sin paredes,o techos de guano para la protec-
ción de los emfermos y todo este revuelo llegó a llamar la atención de los gobiernos locales y la iglesia sin atreverse a intervenir ellos en el asunto,debido a la enorme popularidad de la anciana,a la
que ya muchos llamaban; “Nuestra Señora de Jiquiabo” debido a los asombrosos milagros médicos
que la ciencia no podía explicar.El cura párroco de Santo Domingo fue el testigo más cercano de es-
tos milagros los cuales le hicieron apoyar fervientemente la noble causa, redactando incluso folletos
a favor de “La Vieja”,e invitando a los vecinos y visitantes a que acudieran a ella.Su fama la llevó a
que el alcalde de Cárdenas la invitara unos días a su propia casa y le permitiera vender sus famosos
“trapitos” y otros productos de curación,aunque algunos católicos más conservadores nunca acepta-
ron oficialmente estos insólitos acontecimientos y la llamaban “La Bruja de Jiquiabo”.
La peregrinación a Jiquiabo fue un hecho muy conocido a finales del siglo XIX.
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